Persuasion & Sanditon
Persuasion & Sanditon Anne trató de permanecer serena y dejar que las cosas siguieran su curso, y concentró su atención en el siguiente argumento de lógica deductiva: «Si sigue habiendo afecto en los dos, no tardarán en entenderse nuestros corazones. No somos niños para mostrarnos quisquillosos e irritables, ni para dejarnos llevar por cualquier inadvertencia momentánea, ni para jugar atolondradamente con nuestra felicidad». No obstante, unos minutos después, le pareció que estar juntos, en las actuales circunstancias, no podía sino exponerlos a inadvertencias y malentendidos de lo más perniciosos.
—Anne —exclamó Mary, todavía en la ventana—, ahí está la señora Clay, estoy segura, debajo de la columnata, con un caballero. Acabo de verles dar la vuelta a la esquina de Bath-street. Parecen enfrascados en una conversación. ¿Quién es él? Ven, y dímelo. ¡Dios mío! Ya me acuerdo: es el mismísimo señor Elliot.
—No —exclamó Anne con viveza—; no puede ser el señor Elliot, estoy segura. Tenía que irse a las nueve, y no vuelve hasta mañana.
Mientras hablaba, notó que el capitán Wentworth la estaba mirando; este descubrimiento la mortificó, la confundió, y le hizo lamentar haber hablado tanto, pese a no haber dicho nada en particular.