Persuasion & Sanditon
Persuasion & Sanditon La imaginación de Anne dejó para una hora más tranquila meditar sobre si el capitán Wentworth habrÃa seguido por esos derroteros; porque aún resonaban en su oÃdo las palabras que acababa de pronunciar, cuando la sacó de su ensimismamiento Henrietta, deseosa de aprovechar ese momento de tranquilidad para salir, pidiendo a sus compañeros que no perdieran tiempo, no fuera que apareciese alguna otra visita.
No hubo más remedio que levantarse. Anne dijo que estaba dispuesta, y trató de parecerlo; pero pensó que si Henrietta hubiese tenido idea del dolor y la renuencia de su corazón al abandonar esa silla y disponerse a abandonar la habitación, habrÃa encontrado en todo lo que sentÃa por su primo, en la misma seguridad de su afecto, motivos para compadecerla.
Pero de repente suspendieron los preparativos. Se oyeron ruidos alarmantes; se acercaban más visitas. Se abrió la puerta y aparecieron sir Walter y la señorita Elliot: entrada que causó un estremecimiento general. Anne experimentó una opresión momentánea; y a donde miró, notó sÃntomas de lo mismo. La animación, la libertad, la alegrÃa, desaparecieron de la estancia, acalladas por una calma frÃa, un silencio decidido, o unas palabras anodinas para acoger la desalmada elegancia de su padre y su hermana. ¡Qué mortificante fue darse cuenta de que era asÃ!