Persuasion & Sanditon
Persuasion & Sanditon La interrupción había sido breve, aunque total; en cuanto se cerró la puerta tras ellos, la mayoría recobró la tranquilidad y la animación; pero no Anne. No podía dejar de pensar en la invitación que había presenciado, asombrada por el modo en que había sido recibida; un modo de dudoso significado: de sorpresa, más que de agradecimiento; de cortés agradecimiento, más que de aceptación. Anne le conocía; había leído el desdén en sus ojos, y no se atrevía a creer que estuviese decidido a aceptar el ofrecimiento, a modo de reparación por toda la insolencia pasada. Se sintió deprimida. Después de que se hubieran marchado, él seguía con la tarjeta en la mano, como deliberando todavía en su interior.
—¿Qué te parece?, ¡Elizabeth invitando a todo el mundo! —susurró Mary de manera audible—. ¡No me extraña que el capitán Wentworth esté encantado! Mírale, no se decide a soltar la tarjeta.
Anne vio su mirada, cómo se le encendían las mejillas y se le dibujaba en la boca una mueca momentánea de desdén, y se volvió para no ver ni oír nada que siguiera mortificándola.