Persuasion & Sanditon
Persuasion & Sanditon Se separaron los reunidos. Los caballeros tenÃan sus asuntos, las damas continuaron con los suyos, y no volvieron a juntarse mientras Anne estuvo con ellas. Le pidieron con insistencia que volviese a comer y a pasar el resto del dÃa con ellas; pero estaba tan baja de ánimos que de momento no le apetecÃa otra cosa que volver a casa, donde tenÃa la seguridad de encontrar el silencio que deseaba.
Tras prometer estar con ellas toda la mañana siguiente, terminó las fatigas del dÃa con una pesada caminata hasta Camden-place, donde pasó la tarde sobre todo escuchando los afanosos preparativos de Elizabeth y la señora Clay para la velada del dÃa siguiente, la repetida lista de personas invitadas, y los detalles continuamente mejorados de los adornos que contribuirÃan a que fuera de las más elegantes de Bath, mientras se atormentaba en secreto con la interminable pregunta de si asistirÃa o no el capitán Wentworth. Los demás lo daban por seguro, pero a ella la corroÃa por dentro una inquietud que no la dejaba descansar cinco minutos seguidos. En general pensaba que asistirÃa, porque en general pensaba que no tenÃa más remedio; pero era un caso que no podÃa considerar de decidido deber o discreción, al punto de resistir la inevitable sugerencia de sentimientos muy opuestos.