Persuasion & Sanditon
Persuasion & Sanditon Sólo había tenido tiempo Anne de acercarse a la mesa donde había estado escribiendo, cuando oyó ruido de pasos que «pesaban». Se abrió la puerta; era él. Pidió perdón, pero había olvidado los guantes; se dirigió a la mesa que le había servido de escritorio y, de espaldas a la señora Musgrove, sacó una carta de debajo del papel esparcido, la colocó delante de Anne y la miró un segundo con ojos suplicantes. Y cogiendo los guantes apresuradamente, salió de la habitación casi antes de que la señora Musgrove se percatase de que había estado allí… ¡Tan instantáneo fue!
Es imposible describir la revolución que este instante produjo en Anne. Esta carta, con la dirección apenas legible: «A la señorita A. E.», era la que evidentemente había estado doblando a toda prisa. ¡Mientras ella creía que escribía sólo al capitán Benwick, le había estado escribiendo a ella! ¡Del contenido de esta carta dependía todo cuanto este mundo podía significar para ella! ¡Todo era posible, todo era capaz de soportarlo, salvo la incertidumbre! La señora Musgrove estaba distraída con la labor que tenía sobre la mesa; así que debía confiar en esa protección. Y sentándose en la silla donde había estado sentado él, ocupando el sitio donde él había estado escribiendo, sus ojos devoraron las siguientes palabras: