Persuasion & Sanditon
Persuasion & Sanditon —TodavÃa no. Pero no es improbable que la perdone con el tiempo. ConfÃo en ser pronto caritativo con ella. Pero he pensado mucho en todo lo pasado, y me pregunto: ¿puede haber alguien más enemigo mÃo que esta dama? Quizá yo mismo. DÃgame: cuando regresé a Inglaterra en el año ocho con unos miles de libras y un destino en el Laconia, ¿me habrÃa contestado si le hubiese escrito? O sea, ¿habrÃa renovado entonces nuestra relación?
—La habrÃa renovado —fue toda su respuesta; pero su tono sonó suficientemente elocuente.
—¡Dios mÃo! —exclamó él—, ¿lo habrÃa hecho? No es que dejara de desearlo, y de pensar que serÃa lo único capaz de coronar mis otros éxitos. Pero era orgulloso, demasiado orgulloso, para volverla a pedir. No la comprendÃ. Cerré los ojos y no quise comprenderla, o hacerle justicia. Ése es un recuerdo que deberla hacerme perdonar a todos antes que a mà mismo. PodÃa haberme ahorrado seis años de separación y sufrimiento. Es una especie de dolor, también, que resulta nuevo para mÃ. SolÃa pensar con complacencia que me merecÃa toda la felicidad de que disfrutaba. Me he vanagloriado de mis honrosos esfuerzos y mis justas recompensas. Como los grandes hombres ante la adversidad —añadió con una sonrisa—, debo esforzarme en someter mi espÃritu a mi fortuna. Debo aprender a soportar ser más feliz de lo que me merezco.