Persuasion & Sanditon
Persuasion & Sanditon —No, no; de ninguna manera… de ninguna manera. Se alegrará muchÃsimo de verla. Escuche, no puedo jurarle que no tenga algo especial que contarle; aunque se trata de algo que se hará público en el lugar oportuno. No le daré pistas. Pero señorita Elliot: empezamos a oÃr cosas singulares acerca de usted —con una amplia sonrisa—. Aunque no parece que case eso con usted, ¡seria como un pequeño juez!
Anne se ruborizó.
—SÃ, sÃ; ya veo. Asà que es cierto. SabÃa que no nos equivocábamos.
La dejó que hiciera cábalas sobre qué habÃa querido decir. La primera idea disparatada fue que se trataba de alguna revelación de su cuñado, pero un instante después le dio vergüenza, y pensó que lo más probable era que se refiriese al señor Elliot. Se abrió la puerta; y habÃa empezado el criado a negar que estuviera su ama, cuando le detuvo la visión de su señor. El almirante rió de buen grado la broma. Anne consideró excesivamente largo su regocijo a costa de Stephen. Por último la invitó a subir; y pasando delante de ella, dijo: