Persuasion & Sanditon
Persuasion & Sanditon —Está bien, está bien —dijo su compañero con cierta impaciencia, abriendo la puerta mientras hablaba.
—Entonces, ¿me prometes, hacerlo? —replicó el almirante con su vozarrón natural, que no amortiguaba una delgada puerta.
—Sí, sí —y el almirante se marchó a toda prisa. Se cerró la puerta, y llegó el momento de quedarse Anne a solas con el capitán Wentworth.
Anne no intentó mirar su expresión, pero el capitán Wentworth se dirigió inmediatamente a la ventana como confundido e indeciso, y por espacio de unos cinco segundos Anne se arrepintió de haber accedido a quedarse: lo juzgó indiscreto y poco delicado, y se ruborizó. Sintió deseos de hablar del tiempo o del concierto, pero sólo se animó a procurarse alivio cogiendo un periódico en las manos. Terminó, no obstante, el tenso silencio; porque medio minuto después se volvió él, y acercándose a la mesa junto a la que estaba sentada, dijo con voz forzada y turbada: