Persuasion & Sanditon
Persuasion & Sanditon —¿Wentworth? ¡Pues claro! El señor Wentworth, el coadjutor de Monkford. Me había despistado usted con eso de un caballero. Creía que hablaba de un hombre rico: el señor Wentworth no era nadie, recuerdo; un advenedizo: no tenía nada que ver con la familia de Strafford. Se asombra uno de ver cómo se degradan muchos apellidos de nuestra nobleza.
Al ver el señor Shepherd que ante sir Walter este parentesco no valía de nada a los Croft, no lo volvió a mencionar, y puso todo su celo en la enumeración de los aspectos más indiscutiblemente favorables: su edad, el hecho de ser sólo dos, su fortuna, el alto concepto que se habían formado de Kellynch Hall, y el enorme deseo de tener el privilegio de alquilarla, haciendo ver que para ellos nada podía superar la dicha de ser inquilinos de sir Walter Elliot: gusto extraordinario, desde luego, de habérseles podido suponer en el secreto de lo que sir Walter juzgaba que eran los merecimientos de un inquilino.
La transacción, no obstante, se llevó a cabo; y aunque sir Walter miraría con malos ojos a cualquiera que pretendiese ocupar esa casa, y le consideraría infinitamente privilegiado por permitirle alquilarla a un precio abusivo, se avino a que el señor Shepherd ultimase el contrato, y le autorizó a que fuese a ver al almirante Croft, que aún seguía en Taunton, y concertase una fecha para ver la casa.