Persuasion & Sanditon
Persuasion & Sanditon Sir Walter no era muy sagaz; pero tenía suficiente experiencia del mundo para darse cuenta de que difícilmente podía encontrar un inquilino más irreprochable en lo esencial de lo que honestamente anunciaba ser el almirante Croft. Hasta ahí llegaba su entendimiento; y su vanidad encontraba cierta tranquilidad adicional en la posición social del almirante, que era bastante alta, aunque no demasiado; «He alquilado mi casa al almirante Croft» sonaría muy bien; mucho mejor que «al señor Tal»; un señor —exceptuando, quizá, a media docena en toda la nación— necesita siempre de una explicación complementaria. En cambio el término «almirante» contiene en sí mismo su importancia, y al mismo tiempo no puede oscurecer un título de baronet. En todos sus tratos y relaciones, sir Walter Elliot debía tener la preeminencia.
Nada podía hacerse sin la aquiescencia de Elizabeth; pero le estaban entrando ya tantas ganas de mudarse que se alegró de tener asegurado y confirmado el cambio con este inquilino en ciernes, y no puso una sola objeción.
El señor Shepherd recibió plenas facultades para realizar la transacción; y tan pronto quedó rematada, Anne, que la había estado siguiendo con sumo interés, abandonó la habitación en busca de aire fresco para aliviar sus mejillas encendidas; y mientras paseaba por su arboleda favorita, murmuró con un blando suspiro: