Persuasion & Sanditon
Persuasion & Sanditon —Desde luego que no —replicó el viajero alegremente—. Hemos tardado media hora en subir hasta aquÃ. Muy bien, señor; quizá es verdad lo que dice, y he tenido un despiste de lo más idiota… por hacerlo todo en el último momento: no me fijé en los anuncios hasta media hora antes de dejar la capital, con la confusión y las prisas que siempre acompañan a una corta estancia allÃ. Uno nunca consigue terminar de hacer las cosas hasta que tiene el coche en la puerta; asà que me conformé con hacer una breve averiguación; y al saber que Ãbamos a pasar efectivamente a dos o tres kilómetros de Willingden no hice más indagaciones… Querida —a su esposa—, siento muchÃsimo haberte metido en este lÃo. Pero no te alarmes por mi tobillo. Cuando estoy quieto no me duele; y en cuanto estas buenas personas consigan poner en pie el carruaje y dar la vuelta a los caballos, lo mejor que podemos hacer es volver sobre nuestros pasos hasta el camino real, coger la dirección de Hailsham, y regresar sin intentar nada más… Desde Hailsham, llegaremos a casa en dos horas. Y una vez allÃ, tendremos el remedio a mano. Un poco de nuestro tonificante aire marino me pondrá nuevamente en forma. Ten confianza, cariño, es el tÃpico caso que resuelve el mar. El baño y el aire salino harán el milagro. Mi instinto me lo está diciendo ya.