Persuasion & Sanditon
Persuasion & Sanditon Aquí intervino con toda amabilidad el señor Heywood, rogándoles que no pensasen en continuar el viaje hasta que no le fuera examinado el tobillo y hubiesen tomado algún refrigerio, insistiéndoles muy cordialmente en que dispusiesen de su casa para lo uno y lo otro.
—Nosotros estamos siempre provistos de todos los remedios corrientes para torceduras y contusiones —dijo—. Y le garantizo que mi esposa y mis hijas estarán encantadas de serles útiles a usted y a esta dama en lo que puedan.
Un pinchazo o dos al intentar mover el pie inclinaron al viajero a pensar, más que al principio, en la conveniencia de recibir ayuda inmediata… Y después de comentar brevemente a su esposa: «Bueno, querida, creo que será mejor para nosotros», se volvió hacia el señor Heywood, y dijo: