Persuasion & Sanditon
Persuasion & Sanditon —Señor, en mi vida habÃa oÃdo hablar de él —dijo el señor Heywood—. No sabÃa que existiera ese pueblo en el mundo.
—¿De verdad? ¡Para que veas, querida —volviéndose con júbilo a su esposa—, dónde queda la fama de Brinshore! Este caballero no sabÃa que existiera ese pueblo en el mundo. Verdaderamente, señor, supongo que se le puede aplicar a Brinshore ese verso de Cowper que describe a la aldeana religiosa como opuesta a Voltaire: «Ella, desconocida a media milla de su hogar».
—No faltaba más, señor. AplÃquele los versos que guste; pero quiero ver que le aplican a usted algo en la pierna; y estoy seguro de que su señora, a juzgar por su expresión, opina lo mismo y considera una lástima perder más tiempo… Y aquà vienen mis hijas, que hablarán por sà mismas, y su madre —ahora vieron salir de la casa dos o tres jóvenes de aspecto distinguido seguidas de otras tantas doncellas—. Empezaba a extrañarme que no les hubiera llegado el revuelo. Una cosa asà produce conmoción en un lugar solitario como el nuestro. Ahora, señor, veamos cuál es la mejor manera de trasladarle a la casa.