Persuasion & Sanditon
Persuasion & Sanditon —¿Demasiado llena nuestra costa? —repitió el señor Parker—, Bueno, puede que no estemos en total desacuerdo en ese punto. Al menos hay bastantes. Abundan en nuestra costa; no hacen falta más. Los hay para todos los gustos y para todas las economÃas; y los que tratan de sumarse a los ya existentes son en mi opinión demasiado ridÃculos, y no tardarán en descubrir que han sido vÃctimas de sus propios cálculos erróneos. Lo que sà digo, señor, es que hacÃa falta un lugar como Sanditon, se estaba reclamando. La naturaleza misma lo ha promocionado, y proclamado con los caracteres más inteligibles: con la brisa más agradable y pura de la costa (está reconocido que lo es), con unos baños excelentes, una arena fina y firme, unas aguas profundas a diez metros de la orilla, sin barro, sin algas, sin rocas cubiertas de limo… Jamás ha habido un lugar más palpablemente destinado por la naturaleza a estación balnearia para los inválidos: el sitio que miles de personas parecÃan necesitar, ¡y a la distancia más deseable de Londres! Dos kilómetros exactos y medidos más cerca que Eastbourne. Piense tan sólo, señor, en la ventaja de ahorrarse kilómetro y medio en un viaje largo. En cuanto a Brinshore, que es en lo que quizá está pensando, los intentos de dos o tres especuladores, este año pasado, de promocionar esa aldea insignificante, situada como está entre marismas estancadas, un páramo desolado y los efluvios constantes de una loma de algas putrescentes, no puede sino terminar en su propio desencanto. ¿Qué tiene Brinshore que lo haga recomendable, en nombre del sentido común? Su aire es de lo más insalubre; sus caminos son intransitables, su agua es salobre como no hay otra, y es imposible conseguir un buen plato en cinco kilómetros a la redonda. Y en cuanto a la tierra… es tan frÃa y desagradecida que apenas se le puede sacar una col. Tenga la seguridad, señor, de que esto que le digo es una fiel descripción de Brinshore, sin un gramo de exageración. Y si ha oÃdo decir lo contrario…