Persuasion & Sanditon

Persuasion & Sanditon

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Quería sacarles la promesa de una visita, tener a cuantos miembros de la familia cabían en su casa, y que le siguieran a Sanditon lo más pronto posible; y dado que eran personas sanas, auguraba que a todos les iba a sentar maravillosamente el mar. Sostenía que nadie podía sentirse bien de verdad, que nadie —por mucho que mantuviese una apariencia de salud con la eventual ayuda del ejercicio y el ánimo— podía encontrarse en un estado constante y permanentemente sano si no pasaba cuando menos seis semanas al año junto al mar. Eran casi infalibles el aire marino y el baño de mar; tanto el uno como el otro eran enemigos de toda dolencia, ya fuera del estómago, de los pulmones o de la sangre; eran antiespasmódicos, antipulmonares, antiescépticos, antibiliosos y antirreumáticos; nadie se acatarraba junto al mar; nadie carecía de apetito junto al mar; nadie carecía de ánimo, nadie carecía de fuerza. Eran saludables, lenitivos, relajantes, tonificantes, vigorizantes: unas veces una cosa, otras otra. Si fallaba la brisa marina, el remedio seguro era el baño de mar; y cuando el baño no convenía, la cura que la naturaleza prescribía era, sin dudarlo, la brisa marina.





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