Persuasion & Sanditon
Persuasion & Sanditon Tales visiones y sones fueron de lo más venturosos para el señor Parker. No es que tuviera ningún interés personal en el éxito del pueblo en sí; porque, juzgándolo demasiado apartado de la playa, no había hecho nada en él. Pero era una valiosa prueba de la creciente popularidad de todo el lugar. Si el pueblo era capaz de atraer gente, la colina se llenaría. Preveía una temporada extraordinaria. ¡A todo esto, el año anterior (a finales de julio) no había habido un solo huésped en el pueblo!; ni recordaba él ninguno durante el verano, salvo una familia de niños que llegó de Londres para tomar el aire marino después de que pasaron la tos ferina, y cuya madre no quería tenerlos más cerca de la playa por temor a que se mojaran.
—¡Es la civilización, la civilización! —exclamó el señor Parker, entusiasmado—. Mira, cariño. Mira el escaparate de William Heeley. ¡Zapatos azules y botas de nanquín! ¡Quién habría esperado verlos aquí en una zapatería del viejo Sanditon! Llevan menos de un mes. Cuando pasé por aquí hace un mes no había zapatos azules. ¡Es realmente glorioso! Bueno, creo que he hecho algo importante en mi tiempo. Y ahora, llegamos a nuestra colina; a nuestra saludable colina…