Persuasion & Sanditon
Persuasion & Sanditon —¡Por Dios! Mi querido señor —exclamó—, ¿cómo se le ha podido ocurrir una cosa asÃ? Siento mucho lo del accidente, pero a fe que se lo ha merecido. ¡Andar buscando un doctor! Vamos, ¿qué Ãbamos a hacer con un doctor aquÃ? No harÃamos sino animar a los criados y a los pobres a imaginarse enfermos, si les pusiéramos un doctor a mano. Por favor, evitemos que haya ningún miembro de esa tribu en Sanditon. Nos va muy bien como estamos. Tenemos el mar, las colinas y mis burras lecheras… Y le he dicho a la señora Whitby que si va alguien pidiendo un caballo mecánico, se le puede proporcionar uno por un precio módico (el del señor Hollis está prácticamente nuevo). ¿Qué más puede necesitar la gente? Yo hace más de setenta años que estoy en este mundo y no habré ido más de un par de veces al médico, ni he necesitado ver la cara de un doctor en toda mi vida. Y creo sinceramente que si mi pobre y querido sir Harry no hubiera consultado ninguno aún estarÃa vivo. Diez veces, una tras otra, cobró honorarios el que le mandó al otro mundo. Se lo pido por favor, señor Parker, no traiga doctores aquÃ.
Entraron el servicio del té.
—¡Oh, mi querida señora Parker, no tenÃa que haberse molestado! ¿Por qué lo ha hecho? Estaba a punto de despedirme. En fin, ya que es usted una vecina tan hospitalaria, creo que la señorita Clara y yo no tenemos más remedio que quedarnos.