Persuasion & Sanditon
Persuasion & Sanditon Los Denham eran los únicos que le despertaban especial curiosidad. Charlotte se alegró de completar su conocimiento de la familia al ser presentada a ellos, y los encontró —a la mitad mejor al menos (porque mientras es soltero, al caballero se le puede considerar a veces la mitad mejor de la pareja)— merecedores de atención. La señorita Denham era una joven guapa, aunque fría y reservada, y daba la impresión de que sentía su propia importancia con orgullo y su pobreza con descontento, y de que era persona a la que la corroía fácilmente la falta de un carruaje más elegante que el sencillo calesín en el que habían llegado, y que el mozo de los Parker aún conducía a la vista de ella. Sir Edward era muy superior en actitud y modales; desde luego era guapo, aunque destacaba más por su trato excelente y su deseo de mostrarse atento y de complacer: hizo su entrada en el salón notablemente bien, habló mucho, en especial con Charlotte, junto a la que le habían colocado casualmente, y ésta en seguida se dio cuenta de que tenía un rostro interesante, una voz atractiva, y mucha conversación. Le cayó bien. Seria como era, le consideró agradable, y no contendió con la sospecha de haberle causado ella la misma impresión, al observar que no hacía caso del gesto de irse de su hermana, y que seguía anclado a su sitio y a su conversación. No pretendo yo disculpar la vanidad de mi heroína. Si hay jóvenes en el mundo y en su etapa de la vida más carentes de imaginación y menos preocupadas por agradar, no las conozco, ni deseo conocerlas.