Persuasion & Sanditon
Persuasion & Sanditon Las dejaron todos los demás —sir Edward con un gesto de galante desesperación por tener que separarse—, y se unieron ambas en un deleite común: es decir, lady Denham, como auténtica gran dama, habló y habló de sus propios asuntos, y Charlotte escuchó, divertida al considerar el contraste con su anterior compañero. Desde luego, no hubo tensión producida por ningún sentimiento dudoso, ni frase alguna de difÃcil interpretación en el discurso de lady Denham. Cogiéndose al brazo de Charlotte con la naturalidad de quien sabe que cualquier gesto suyo hacia una persona será recibido como un honor, y comunicativa debido a la conciencia de esa misma importancia, o a una afición natural a hablar, dijo inmediatamente en un tono de gran satisfacción, y con expresión sumamente sagaz:
—La señorita Esther quiere que los invite a su hermano y a ella a pasar una semana en Sanditon House como el año pasado. Pero no lo voy a hacer: ha estado intentando ablandarme por todos los medios, dedicándome elogios sobre esto y lo de más allá. Pero he visto su juego, y con toda claridad. A mà no se me engaña tan fácilmente, querida.
A Charlotte no se le ocurrió comentario más inofensivo que preguntar:
—¿Sir Edward y la señorita Denham?