Persuasion & Sanditon
Persuasion & Sanditon Más de siete años habían transcurrido desde que concluyera esta pequeña historia de doloroso interés. El tiempo había atenuado, borrado quizá, casi todo el afecto que sentía por él; pero ella había dependido demasiado del tiempo sólo; no había tenido la ayuda de un cambio de residencia (salvo una visita a Bath, poco después de la ruptura), ni había hecho ninguna amistad nueva ni ampliado el número de sus conocidos. No se había incorporado nadie al círculo de Kellynch que resistiese una comparación con Frederick Wentworth según ella le recordaba. Ningún segundo amor —única cura absolutamente natural, feliz y suficiente en esa etapa de la vida— había sido posible para el tono delicado de su espíritu, para la exigencia de su gusto, en el reducido entorno que la rodeaba. A los veintidós años había sido solicitada por el joven que no mucho después encontró mejor acogida en su hermana pequeña, y lady Russell había lamentado la negativa que Anne le dio; porque Charles Musgrove era el primogénito de un hombre cuyas propiedades e importancia en la comarca sólo tenían por delante a las de sir Walter, y era de buen carácter y figura; y aunque lady Russell habría podido exigir algo más cuando Anne tenía diecinueve años, con veintidós se habría alegrado de verla tan respetablemente separada de la parcialidad e injusticia de la casa paterna, e instalada de forma duradera cerca de ella. Pero esta vez Anne no dio opción ninguna a sus consejos; y aunque lady Russell, satisfecha como siempre de su propia discreción, nunca deseó reparar el pasado, empezaba ahora a sentir una ansiedad rayana en la desesperación por ver a Anne invitada por un hombre de talento y posición holgada a abrazar un estado para el que la consideraba especialmente capacitada, dados sus cálidos afectos y su inclinación hogareña.