Persuasion & Sanditon
Persuasion & Sanditon Aunque debía muchas de sus ideas a esta clase de lecturas, sería injusto decir que no leía otra cosa, o que su conversación no la constituían conocimientos más generales de la moderna literatura. Leía todos los ensayos, cartas, crónicas de viajes y críticas del día… Y con la misma mala suerte que tendía a extraer sólo falsos principios de las lecciones de moral, e incitaciones al vicio de la historia de la ruina de éste, guardaba en su memoria sólo palabras fuertes y frases enrevesadas del estilo de nuestros autores más reconocidos.
El gran objetivo de sir Edward en la vida era ser seductor. Con los méritos personales de que se sabía poseedor, y el talento que también se atribuía, lo consideraba una obligación. Creía que estaba hecho para ser un hombre peligroso: totalmente en la línea de los Lovelace[6]. El mismo nombre de sir Edward, pensaba, ejercía ya cierta fascinación. Ser galante en general y asiduo con las bellas, hablar con refinamiento a toda joven bonita, no era sino la parte menos importante del papel que estaba llamado a representar. Tenía derecho —según su propia noción de la sociedad— a abordar a la señorita Heywood, y a cualquier mujer con pretensiones de belleza, por poco que la conociera, con toda la galantería y admiración; pero era con Clara con la única que sus intenciones eran serias; era a Clara a la que pretendía seducir.