Persuasion & Sanditon
Persuasion & Sanditon Se estaban adentrando tanto en la física que Charlotte acogió la entrada del criado con el servicio del té como una interrupción providencial. El joven experimentó también un cambio instantáneo y radical: olvidó al punto sus atenciones. Cogió su taza de cacao de la bandeja, que contenía casi tantas teteras, etc., como personas había en la reunión —dado que la señorita Parker tomaba una clase de té y la señorita Diana otra—, se dirigió al fuego, la acercó para calentarla a su gusto, colocó unas rebanadas de pan en el tostador que tenía preparado, y hasta que no hubo acabado no le oyó Charlotte sino murmurar alguna frase de autocomplacencia y aprobación.
Al terminar estas operaciones regresó a su butaca tan galante como antes, y probó que no había trabajado sólo para sí invitándola con total seriedad a tomar cacao con tostadas. Charlotte se había servido ya té, lo que le dejó sorprendido, tan absorto había estado en su tarea.
—Creí que me daría tiempo —dijo—, pero el cacao tiene que hervir mucho rato.
—Se lo agradezco mucho —contestó Charlotte—, pero prefiero té.
—Entonces me serviré yo —dijo—. Una buena taza de cacao poco espeso por las noches me va como ninguna otra cosa.