Persuasion & Sanditon
Persuasion & Sanditon Anne estaba acostumbrada a tales afrentas, pero acusó la inoportunidad de ese arreglo tan profundamente como lady Russell. Dotada de una gran capacidad de observación, y conociendo demasiado el carácter de su padre, vio que era más que posible que esa intimidad con su familia trajera las más graves consecuencias. SuponÃa que de momento a su padre no le habÃa pasado semejante idea por la cabeza. La señora Clay era pecosa, tenÃa los dientes hacia fuera y unas muñecas bastas, defectos sobre los que sir Walter no paraba de hacer sarcásticos comentarios cuando ella no estaba presente; pero era joven y tenÃa buena figura en general, y su agudeza de espÃritu y sus maneras solÃcitas y complacientes eran atractivos infinitamente más peligrosos que cuantos reunÃa la gracia de su persona. Y tan convencida estaba Anne de ese peligro, que decidió intentar hacérselo ver a su hermana. TenÃa poca esperanza de conseguir nada; pero pensó que asà Elizabeth —quien de ocurrir semejante revés serÃa más digna de lástima que ella— jamás podrÃa reprocharle no habérselo advertido.
Se lo dijo, y no pareció sino que la ofendÃa. Elizabeth no concebÃa cómo se le podÃa ocurrir tan absurda sospecha; y le respondió indignada que cada parte sabÃa perfectamente cuál era su lugar.