Persuasion & Sanditon
Persuasion & Sanditon —La señora Clay —dijo con calor— jamás olvida quién es; y dado que conozco mejor que tú sus sentimientos, te puedo asegurar que respecto al matrimonio son especialmente delicados, y que reprueba más enérgicamente que la mayorÃa de la gente toda desigualdad de condición y de nivel social. Y en cuanto a nuestro padre, realmente no tengo por qué pensar que, habiendo permanecido sin casarse durante tanto tiempo por nosotras, vaya a hacerlo ahora. Si la señora Clay fuese una mujer guapÃsima podrÃa ser un error tenerla tanto conmigo, lo reconozco; no voy a decir, por supuesto, que nada en el mundo inducirÃa a nuestro padre a contraer un matrimonio degradante; pero le harÃa desgraciado. ¡Pero la pobre señora Clay, que pese a todos sus méritos no puede decirse que sea siquiera medianamente agraciada! De veras creo que la pobre señora Clay puede permanecer aquà perfectamente sin peligro. Cualquiera pensarÃa que no has oÃdo nunca hablar a nuestro padre de sus defectos personales, aunque sé que le has oÃdo cincuenta veces. ¡De sus dientes! ¡De esas pecas! A mà las pecas no me desagradan tanto como a él. Sé de una cara a la que no la afeaban unas cuantas; pero él las detesta. Has tenido que oÃrle comentar las pecas de la señora Clay.
—No hay prácticamente ningún defecto personal —replicó Anne— que un carácter amable no sea capaz de hacer poco a poco tolerable.