Persuasion & Sanditon
Persuasion & Sanditon —Yo pienso muy distinto —contestó Elizabeth con sequedad—; un carácter amable puede realzar la belleza, pero jamás puede cambiar la fealdad. De todos modos, dado que sé de este asunto más que nadie, me parece superfluo que te pongas a darme consejos.
Anne habÃa cumplido; se alegraba de haber terminado, y no le parecÃa imposible que hubiera hecho bien. Quizá habÃa puesto en guardia a Elizabeth, aunque la ofendiese tal sospecha.
El último servicio del coche de cuatro caballos fue llevar a Bath a sir Walter, la señorita Elliot y la señora Clay. El grupo emprendió el viaje de muy buen humor: sir Walter dispuesto a dispensar condescendientes inclinaciones de cabeza a los contristados arrendatarios y colonos a los que se habÃa indicado que saliesen para que les viera; entretanto Anne, sumida en una especie de melancólica serenidad, se dirigió al Pabellón, donde debÃa pasar la primera semana.