Persuasion & Sanditon
Persuasion & Sanditon —Nada especial. Una siempre sabe de antemano en qué va a consistir la cena, y quién estará. Y no es muy cómodo cuando no tienes coche propio. Me llevaron los señores Musgrove, y fuimos todos apretujados. Ellos dos son muy gruesos y ocupan bastante sitio. Y el señor Musgrove se sienta siempre delante. Asà que tuve que ir aplastada en el asiento de atrás con Henrietta y Louisa. Y creo que es muy probable que mi indisposición de hoy se deba a eso.
Un poco más de perseverancia en la paciencia y de alegrÃa forzada por parte de Anne propició la casi curación de Mary. No tardó en estar incorporada en el sofá, y en abrigar la esperanza de poder abandonarlo para comer. Luego, olvidándose de sus dolencias, fue al fondo del aposento y se puso a arreglar un ramo de flores; tomó un poco de fiambre, y a continuación se sintió lo bastante bien como para proponer un pequeño paseo.
—¿Adónde vamos? —dijo cuando estuvieron preparadas—. Supongo que no querrás que vayamos a la Casa Grande antes de que hayan venido ellos a verte.
—No tengo el menor inconveniente —contestó Anne—. Jamás se me ocurrirÃa guardar esos formulismos con personas a las que conozco bien, como son la señora Musgrove y sus hijas.