Persuasión
Persuasión La ventaja de tener que venir solo a Uppercross, en vez de andar seis millas en otra dirección; la de disfrutar de una parroquia mejor en todos los conceptos; la de que ésta perteneciera al querido doctor Shirley, y la de que el querido y buen doctor Shirley pudiera descargarse de aquellos deberes que no podía ya cumplir sin quebranto ni fatiga, interesaban mucho a Louisa, pero sobre todo, como parecía lógico que así fuese, a Henrietta. Pero al regresar, el desgraciado Charles comprobó que todo el interés en el asunto había desaparecido. Louisa, asomada a la ventana, no prestaba oídos al relato que él hacía de la conferencia que acababa de tener con el doctor Shirley, y miraba al capitán Wentworth, y hasta Henrietta, que lo más que hacía era dividir su atención, parecía haber olvidado aquellas zozobras y aquellos anhelos que la posibilidad del traslado de Hayter había despertado en ella.
—Me alegra mucho, te lo aseguro, pero siempre pensé que lo obtendrías… No me parece que… En suma: que el doctor Shirley necesita un coadjutor y tienes ya la promesa. ¿Viene ya, Louisa?
Cierta mañana, y poco después de la comida ofrecida en casa de los Musgrove, a la que Anne había rehusado asistir, entró el capitán Wentworth en la sala de la casa en ocasión de encontrarse sola ella con el pequeño Charles, que, todavía convaleciente, reposaba en el sofá.