Persuasión
Persuasión La sorpresa de encontrarse casi a solas con Anne Elliot restó a los ademanes de Wentworth un poco de soltura. No pudo reprimir un gesto de extrañeza, y sólo atinó a decir:
—Creí que miss Louisa y miss Henrietta estaban aquí. Su madre así me lo ha dicho.
Se acercó a la ventana para recobrarse, y logró adoptar la actitud debida.
—Están arriba con mi hermana; bajarán enseguida —respondió Anne, confusa, y si el niño no la hubiese llamado para pedirle algo, habría dejado la estancia en aquel mismo instante, ahorrando la incomodidad de aquella situación, tanto al capitán como a sí misma.
El seguía al lado de la ventana, y después de decir con reposada amabilidad: «Me parece que el niño va mejor», volvió a guardar silencio.
Para complacer al enfermo Anne se vio obligada a arrodillarse junto al sofá y permanecer un rato de aquel modo; al cabo de pocos instantes oyó, con gran alegría, el ruido que hacían otras personas en el vestíbulo. Cuando iba a volver la cabeza, esperando ver al amo de la casa, se encontró con quien menos podía contribuir a remediar la tirantez del momento: Charles Hayter, que no debía de experimentar mayor complacencia al ver al capitán Wentworth que la que éste había sentido al encontrarse con Anne.
Ella apenas consiguió decirle: