Persuasión
Persuasión No podían tardar en presentarse a Anne nuevas ocasiones de observar. Poco tiempo transcurrió sin que volviera a descubrir juntos a los cuatro y pudiera formarse una opinión; pero era demasiado discreta para darla a conocer en casa, ya que no habría agradado ni al marido ni a la esposa. Aunque consideraba a Louisa la favorita, sus recuerdos y su experiencia le dictaban que el capitán Wentworth no estaba enamorado. Más enamoradas estaban las dos muchachas; y quizá tampoco, porque aquello no era amor, sino más bien admiración, que, por supuesto, bien podía convertirse en amor en alguna de ellas. Charles Hayter se percataba de haber sido desairado, aunque a veces Henrietta parecía tener divididos sus afectos. Anne ambicionaba el poder necesario para hacerles comprender lo que ocurría y señalarles los peligros que las acechaban. Sin embargo, en ninguno advertía doblez. Le complacía saber que el capitán era completamente inocente del daño que ocasionaba. No se advertía que adoptase actitudes de vencedor compasivo. Era muy probable que nada hubiese oído ni pensado respecto a los derechos de Charles Hayter. El único pecado que podía atribuírsele era el aceptar —porque tal es la palabra— las atenciones de dos muchachas a un mismo tiempo.