Persuasión
Persuasión —¡Feliz de ella, que tiene a su alcance un criterio como suyo, Louisa! Después de las indicaciones que acaba usted de hacerme, y que confirman las observaciones que hice la última vez que estuve con él, no tengo por qué fingir ignorar lo que ocurre. Ya he comprendido que se trataba de algo más importante que de una simple visita matinal a su tÃa. Pues ¡pobre de él y pobre de ella cuando se presenten problemas que exijan fortaleza de ánimo, si carecen de resolución suficiente para resistir a la influencia de un detalle tan trivial como éste! Henrietta es una criatura encantadora, pero la firmeza de carácter, la resolución, se hallan en usted, Louisa. Si se interesa por la felicidad y el comportamiento de su hermana, infunda en el espÃritu de ésta cuanto pueda del suyo. Por supuesto, esto es precisamente lo que viene usted haciendo. Lo más triste de las personas dubitativas y excesivamente dóciles es que no es posible estar seguros de influir en ellas. Nunca se puede confiar en que sea duradera la impresión que sobre ellas se ejerza. Cualquier recién llegado es capaz de echar todo a rodar. Quien quiera ser dichoso, debe ser fuerte. Esta avellana —agregó cogiendo la que pendÃa de una de las ramas— nos ofrece un ejemplo de ello. Es un fruto hermoso y reluciente que, dotado de vigor y lozanÃa desde su brote, ha sobrevivido a todos los temporales del otoño. Ni una picadura, ni la más leve pinta. Mientras otras muchas cayeron y fueron aplastadas —añadió con tono altivo—, esta avellana se halla todavÃa en posesión de toda la felicidad que le es propia.