Persuasión
Persuasión —¡Está muerta! ¡Está muerta! —exclamó Mary cogiéndose a su marido. Henrietta, horrorizada por el mismo pensamiento, perdió el sentido, y habrÃa caÃdo si no hubiese sido por Anne y el capitán Benwick, que la cogieron y la sostuvieron entre ambos.
—¿No hay ninguno que venga en mi ayuda? —exclamó el capitán Wentworth desesperado, pues todas sus fuerzas parecÃan haberlo abandonado.
—¡Vaya usted con él, vaya con él! —indicó Anne a Benwick—. ¡Vaya, por Dios! Con Henrietta puedo yo sola. Frotadle las manos y las sienes. Aquà está el frasquito de sales. Tómelo, tómelo.
El capitán Benwick obedeció, y corrió en auxilio de Wentworth, seguido de Charles, que logró soltarse de su esposa. Entre los tres consiguieron incorporar a Louisa y acomodarla mejor. Todo lo que Anne ordenó se llevó a cabo de inmediato, pero fue inútil. El capitán Wentworth, apoyado contra la pared, exclamaba con tono de abatimiento:
—¡Dios mÃo! ¡Pobres padres!
—¡Llamad un médico! —dijo Anne.
Al oÃr aquello Wentworth recobró en parte sus energÃas, y ya iba a echar a andar en busca de un médico, cuando Anne lo detuvo, con ademán vehemente.
—¡El capitán Benwick! —dijo—. ¿No serÃa mejor que lo hiciera el capitán Benwick? Él sabe dónde encontrar uno.