Persuasión
Persuasión Los que se hallaban en su juicio comprendieron la oportunidad de aquel consejo, y al instante el capitán Benwick abandonó en los brazos del hermano aquella cabeza que parecÃa la de un cadáver y marchó a la ciudad a toda prisa.
SerÃa difÃcil saber cuál de los tres que conservaban el uso de sus facultades, Wentworth, Anne y Charles, se sentÃa más angustiado. Este último, como hermano entrañable, miraba alternativamente a la hermana moribunda, a la otra que seguÃa privada del sentido y a su mujer, que, presa de un ataque de histeria, clamaba por un auxilio que él no podÃa prestarle.
Anne atendÃa a Henrietta con todo el afán que su instinto le permitÃa, sin dejar por ello de ocuparse de los otros. Trataba de tranquilizar a Mary, de animar a Charles y de mitigar las inquietudes de Wentworth. Los dos hombres esperaban con ansiosa mirada sus disposiciones.
—Anne, Anne —imploraba Charles—, ¿qué hay que hacer ahora? ¿Qué vamos a hacer, en nombre del Cielo?
El capitán Wentworth también volvió los ojos hacia ella.
—¿No serÃa mejor llevarla a la posada?
—SÃ, sÃ, a la posada —replicó el capitán “Wentworth, algo más sereno y deseoso de hacer algo—. Yo mismo la llevaré. Musgrove, ocúpese de lo demás.