Persuasión
Persuasión Anne trató de mostrarse serena y razonable. La verdad era que, sin proponerse emular la abnegada devoción de Emma por su Henry, por el amor que sentía hacia él habría puesto en el cuidado de Louisa un afán muy superior al de la mera actitud humanitaria, y abrigaba la esperanza de que no se le hiciese la injusticia de creerla capaz de abandonar sin una causa seria el puesto que le imponían las obligaciones de la amistad.
Mientras subían al coche, Frederick les tendió la mano para ayudarlas, y se colocó entre ambas, y partieron rumbo a Lyme. ¿Qué pasaría en el camino?, se preguntaba Anne, emocionada. ¿De qué modo se conducirían durante el largo viaje? ¿Cómo se desarrollaría la conversación? Era imposible de prever. Pero todo transcurrió del modo más natural del mundo. Él se dedicó a Henrietta; la miraba constantemente y sólo hablaba para darle ánimos y confortar su espíritu. Se advertía en su modo de hablar una tranquilidad premeditada, así como el firme propósito de disipar las inquietudes de la muchacha.
Sólo una vez, al lamentar Henrietta la funesta ocurrencia de dar un paseo por el Cobb, deplorando amargamente el que hubieran pensado en semejante cosa, exclamó Wentworth: