Persuasión
Persuasión —Debo visitar a Mrs. Croft, cuanto antes —dijo Mrs. Russell—. Anne, ¿tendrás el valor de acompañarme? Sé que para ti supone un esfuerzo tan grande como para mÃ.
—En mi opinión —contestó Anne—, usted debe de sufrir con ello más que yo, pues aún no se ha hecho a la idea de las nuevas circunstancias, mientras que yo, por no haber salido de la vecindad, he ido habituándome a ellas.
Pero Anne podÃa decir muchas más cosas acerca de este asunto, porque era tan elevada la opinión que los Croft le merecÃan, consideraba a su padre tan favorecido por la suerte con aquellos inquilinos, los veÃa tan ejemplares y estimaba hasta tal punto el beneficio que suponÃa el cambio para las gentes menos favorecidas en lo que a socorros y cuidados se referÃa, que más allá del sacrificio que para ella representaba la necesidad de dejar la casa, no podÃa por menos de reconocer que los que se habÃan marchado no merecÃan estar allà y que Kellynch Hall se hallaba ahora en mejores manos. Tales convicciones la mortificaban, por cierto, de una manera ciertamente cruel, pero era indudable que le ahorrarÃan aquella sensación dolorosa que invadÃa a Mrs. Russell cada vez que volvÃa a pisar aquellas estancias tan familiares y queridas para ella.