Persuasión
Persuasión Mrs. Musgrove se encontraba rodeada por los pequeños Harville, a quienes protegía de la tiranía de los de Uppercross, que llegaron a acompañarlos en sus juegos. De un lado se veía una mesa en torno a la cual las niñas charlaban y se entretenían recortando papeles de seda, y en el otro extremo promovían los chicos tremenda algarabía entre las bandejas de empanadas de cerdo, y aun pugnaba por hacerse oír en aquel escándalo el chisporroteo estridente de Navidad. Charles y Mary llegaron durante la visita. Mr. Musgrove se creyó en la obligación de dar sus respetos a Mrs. Russell, y permaneció a su lado unos diez minutos, hablándole con voz que, a pesar de sus esfuerzos, quedaba ahogada casi siempre por el clamor de los niños que trepaban por sus rodillas. Era un hermoso cuadro de familia.
Anne consideró, sin embargo, que aquel ambiente de algarabía doméstica era poco indicado para los nervios, exaltados por la enfermedad, de Louisa; pero Mrs. Musgrove, que le había testimoniado una y otra vez su cordial gratitud por las atenciones que con ellos había tenido, puso término a una breve narración de los últimos acontecimientos diciendo, al tiempo que miraba alrededor con expresión de ternura, que después de lo pasado nada le haría tanto bien como un poco de moderada alegría en su casa.