Persuasión
Persuasión No hizo mención alguna de Mary, y Anne, sonrojada y sonriente, apareció ante Mr. Elliot. Aún no se habÃa desvanecido en la memoria de éste la fisonomÃa de la joven, quien advirtió con regocijo, por el gesto de extrañeza de él, que en los anteriores no la habÃa reconocido. No salÃa él de su asombro, aunque debe agregarse que no parecÃa tan sorprendido como encantado; le brillaban los ojos, y, con la más viva satisfacción dibujada en el semblante, saludó a su prima, aludió al pasado y solicitó que, desde luego, se le considerase un amigo. Mr. Elliot tenÃa el mismo aspecto que en Lyme; su atractivo aumentaba con la animación de la charla, y sus modales eran tan corteses, naturales y sugestivos, que Anne sólo podÃa compararlos con los de cierta persona. Claro que no eran los mismos, pero sà equiparables en gracia y finura.