Persuasión
Persuasión Tu afectísima,
MARY M.
P. S.: Lamento tener que informarte que no me encuentro bien, ni mucho menos. Me dice Jemina que sabe por el mayordomo que hay una verdadera epidemia de catarros. Seguramente lo pescaré, y ya sabes que a nadie afecta tanto un catarro como a mí.
Así terminaba la primera parte de la carta, que luego fue puesta en el sobre con una segunda, casi tan larga como la anterior, concebida en estos términos: