Persuasión
Persuasión —¡Ah, es usted! Gracias, gracias. Esto es tratarme como a un amigo. Pues aquà me tiene, admirando este cuadro. No paso una vez por aquà sin detenerme a contemplarlo. Pero ¿qué es esto que quiere parecer un bote? MÃrelo usted… ¿Ha visto usted algo semejante? ¿Qué pintores son estos que creen que puede uno arriesgar su vida en esta infame cascara de nuez? Y sin embargo, aparecen en él dos caballeros que miran tan tranquilos las rocas y montañas que los rodean como si no corriesen el riesgo de volcar de un momento a otro. ¿Dónde se habrá construido este barquichuelo? —Soltó una carcajada—. Por nada del mundo me subirÃa yo a él, se lo aseguro. Pero dÃgame, ¿adónde va usted? ¿Me permite que la acompañe? ¿PodrÃa servirle de algo?
—No, señor, gracias; como no quiera usted proporcionarme el gusto de hacerme compañÃa mientras coincidan nuestros caminos. Yo voy a casa.
—Lo haré con mucho gusto, y más lejos que fuera. SÃ, sÃ, daremos juntos un delicioso paseo, y, además, deseo decirle algo mientras vamos andando. Cójase usted de mi brazo; eso es. Cuando voy con una mujer me gusta hacerlo de este modo. ¡Sà señor, vaya un barco! —dijo mirando por última vez el cuadro, antes de echar a andar.
—¿DecÃa usted que querÃa hablar conmigo acerca de algo?