Persuasión
Persuasión —SÃ, es verdad… Pero aquà se acerca mi amigo el capitán Bregden. Sólo lo saludaré al pasar. No nos detendremos. ¿Qué tal, amigo…? Bregden se sorprende de verme con una mujer que no es la mÃa. La pobre no puede salir pues tiene una llaga en un tobillo del tamaño de una moneda de tres chelines. Por la otra acera baja el almirante Brand con su hermano. No me caen nada bien. Me alegro de que no vengan por este lado. Sophia no puede ni verlos. Cierta vez me jugaron una mala pasada; me quitaron a uno de los mejores hombres que yo tenÃa. En otra ocasión le contaré a usted ese episodio. Por allà diviso al anciano sir Archibald Dren y a su nieto. Mire, ya nos ha visto. Hace ademán de besarla a usted la mano. La ha confundido con mi esposa. ¡Ah!, la paz ha venido demasiado pronto para él. ¡Pobre sir Archibald! ¿Qué le parece a usted Bath, miss Elliot? A mi mujer y a mà nos encanta. Siempre nos encontramos con algún amigo; todas las mañanas vemos a muchos de ellos por la calle, y tenemos ocasión de charlar un rato. Luego los dejamos y nos encerramos en nuestras habitaciones, y allà nos sentimos tan a nuestras anchas como en Kellynch o como en North Yarmouth o en Deal. Si no echamos nada de menos en nuestra actual casita es porque nos recuerda la primera en que vivimos, en Yarmouth, hasta en el detalle de que el viento se cuela por una de las ventanas.