Persuasión
Persuasión Siguieron andando y por fin Anne se animó a recordarle su promesa de comunicarle algo interesante. Ella confiaba en que su curiosidad quedase satisfecha cuando circulase menos gente por Milson Street, pero tuvo que armarse de paciencia, porque él no querÃa empezar hasta llegar a la amplia y despejada avenida de Belmont, y como no era su esposa, no tenÃa más remedio que permitÃrselo. Apenas comenzaron a subir pausadamente la cuesta de Belmont, el almirante dijo:
—Bien; pues va usted a oÃr una cosa que le sorprenderá. Pero ante todo quiero que me diga el nombre de la muchacha de quien voy a hablarle, ésa por la que tanto nos hemos interesado todos. La miss Musgrove a quien le ocurrió aquello. Su nombre… siempre se me olvida.
Anne se habrÃa ruborizado de delatarse tan pronto, pero el giro que tomaba el diálogo le permitió pronunciar con naturalidad el nombre de Louisa.