Persuasión
Persuasión —¡Oh, sÃ, sÃ! No es que tenga yo nada contra James Benwick. Es verdad que no es más que comandante y que corren malos tiempos para medrar; pero no encuentro otra objeción que hacerle. Es un muchacho excelente y bondadoso, sin duda, además de un oficial celoso y activo, cosa que tal vez a usted se le haya escapado, porque sus hábitos y modales no contribuyen, ciertamente, a asomar esta opinión.
—No. En eso se equivoca usted, señor. Nunca deduje de las maneras del capitán Benwick que fuera pusilánime. Es un hombre muy agradable, y estoy segura de que todos lo encuentran encantador.
—Bien, bien; para eso no hay mejor juez que las mujeres; pero James Benwick es demasiado suave para mi gusto, y, aunque se nos juzgue de apasionados, Sophia y yo no podemos por menos de estimar como más atractivo el carácter de Frederick. Hay algo en él que se aviene más con nuestros gustos.
Anne sintió que se habÃa puesto en evidencia. Ella sólo se habÃa propuesto rechazar la opinión generalizada según la cual la entereza y la dulzura son incompatibles, pero ni por un instante se le habÃa ocurrido alabar al capitán Benwick como un dechado de perfección. Tras unos segundos de vacilación, ya empezaba a decir que no se le habÃa ocurrido ni por un momento comparar a los dos amigos, cuando el almirante la interrumpió de esta forma: