Persuasión
Persuasión —SÃ; eso fue lo que le objeté. Pero no me hizo caso. Lo único que deseaba era dinero. Ella era hija de un panadero y nieta de un carnicero, pero a él no le importaba. Se trataba de una muchacha muy hermosa, y habÃa recibido una educación bastante esmerada. Lanzada al mundo por unas primas suyas, acertó a dar con Mr. Elliot y se enamoró de él, que no puso el menor reparo al linaje. Todas las precauciones se redujeron a comprobar, antes de comprometerse, a cuánto ascendÃa su fortuna. No dudes de que, sea cual fuese la estima que ahora pueda otorgar Mr. Elliot a su situación social, cuando joven no le concedÃa ningún valor. Alguna esperanza cifraba en la propiedad de Kellynch, pero el honor de la familia le tenÃa sin cuidado. Mil veces le oà declarar que si las baronÃas pudieran venderse cualquiera tendrÃa la suya por cincuenta libras, con armas, divisa y librea; pero no quiero repetir ni la mitad de lo que solÃa proclamar al respecto. No serÃa noble por mi parte. Te enseñaré la prueba de que lo que he dicho hasta ahora es verdad.
—No, querida; no necesito ninguna prueba —exclamó Anne—. En lo que acabas de decir no hay nada que parezca contradecirse con lo que debÃa de ser Mr. Elliot hace unos años. Todo ello no hace sino confirmar nuestras sospechas. Lo que sà me intriga es que ahora se comporte de forma tan distinta.