Persuasión
Persuasión Se contuvo a tiempo.
—Esto se relaciona con lo que anoche me dijo Mr. Elliot —se apresuró a apuntar Anne—. He ahà la clave. Me enteré de que habÃa oÃdo hablar de mà a menudo, pero no atinaba a descubrir quién podÃa haber sido, su misterioso interlocutor. ¡Qué extrañas quimeras nos forjamos cuando se trata de nuestro querido «yo»! ¡Cuán fácil es engañarse! Pero perdóname por haberte interrumpido. ¿DecÃas que Mr. Elliot se casó por dinero? Imagino que eso te harÃa descubrir la clase de hombre que era.
Mrs. Smith vaciló por un instante; luego, dijo:
—La experiencia te enseña que, desgraciadamente, son muchos los hombres y mujeres que lo hacen, y ya no te sorprende como deberÃa hacerlo. Yo era muy joven, mi marido también, y ambos formábamos una pareja irreflexiva y bulliciosa que no se cuidaba de las normas estrictas que deben regir la conducta humana. No vivÃamos más que para el placer. Ahora pienso de otro modo, pues la edad, las dolencias y los sinsabores me han impuesto otros principios. Pero debo confesar que entonces no veÃa nada reprochable en el proceder de Mr. Elliot. Porque buscar aquello que le conviniere podÃa considerarse un deber.
—Y ella, ¿era mujer de muy baja condición?