Persuasión
Persuasión Mary, decidida a que todos supiesen que reconocía a su primo, comenzó a charlar con entusiasmo, haciendo mil comentarios acerca de los rasgos familiares, insistiendo firmemente en que aquél era Mr. Elliot, y llamando a su hermana para que lo comprobase por sí misma. Anne no se movió y procuró aparentar frialdad e indiferencia, pero no tardó en sentirse nuevamente angustiada al sorprender a algunos de los presentes cambiando miradas significativas, como dando a entender que estaban al corriente del secreto. Estaba claro que circulaba un rumor concerniente a ella, y la breve pausa que siguió le dio la seguridad de que seguiría extendiéndose.
—Ven, Anne —insistió Mary—; ven y mira por ti misma. Si no te das prisa te lo perderás. En este momento se despiden, se estrechan la mano. Él ya se vuelve. ¡Parece mentira que no reconozcas a Mr. Elliot! ¡Cualquiera diría que has olvidado que te cruzaste con él en Lyme!
Tanto por apaciguar a su hermana como para disimular su propia turbación, Anne se acercó lentamente a la ventana. Llegó a tiempo de comprobar que aquel caballero era, en efecto, Mr. Elliot —nunca lo hubiera creído—, y que se marchaba por un lado mientras Mrs. Clay se dirigía a toda prisa en dirección opuesta. Tratando de ocultar la extrañeza que le producía sorprender aquel misterioso encuentro entre dos personas a quienes animaban intereses tan opuestos, dijo tranquilamente: