Persuasión
Persuasión —Pues a mà me ocurre otro tanto. Además, no sé jugar a las cartas. Ya sé que usted tampoco, pero la gente cambia con el tiempo.
—No creo haber cambiado hasta ese punto —exclamó Anne, y se detuvo bruscamente por miedo a que sus palabras fueran interpretadas erróneamente.
Después de un breve silencio, y como obedeciendo a una inspiración repentina, dijo Wentworth:
—Ocho años y medio no son poco tiempo, ciertamente.
Dejemos que Anne, en momentos de mayor tranquilidad, se entregue a dilucidar el arduo problema de imaginar si el capitán habrÃa seguido avanzando por aquel resbaladizo sendero. En la presente ocasión se vio obligada a volver a la realidad apenas se desvaneció en sus oÃdos el eco de las últimas palabras de Wentworth, ya que Henrietta, aprovechando la oportunidad, querÃa salir a la calle antes de que llegasen nuevas visitas, y le pidió que la acompañase.
No habÃa más remedio que separarse. Anne declaró que lo harÃa encantada, y trató de aparentarlo, pero no dejó de pensar que si Henrietta se hubiera dado cuenta del esfuerzo que tenÃa que hacer para levantarse de aquella silla y abandonar la estancia, seguramente habrÃa encontrado en el amor a su primo y en la certeza del cariño de éste sobradas razones para compadecerla.