Persuasión
Persuasión —¡Vaya que ha sido generosa Elizabeth con las invitaciones! —murmuró Mary, aunque lo bastante fuerte como para que todos la oyesen—. No me extraña que el capitán Wentworth esté maravillado. Ya ves que no sabe qué hacer con la tarjeta.
Anne observó que a Frederick se le encendÃan las mejillas y que una expresión de desprecio ensombrecÃa su semblante por unos segundos; no pudo evitar volver la cabeza, pues lo que veÃa y oÃa le resultaba humillante.
La reunión tocaba a su fin. Caballeros y damas iban cada uno a sus asuntos, con lo cual se alejaba la posibilidad de una nueva entrevista. Anne fue invitada con insistencia a comer en el hotel y a pasar en compañÃa de ellos el resto del dÃa; pero se sentÃa tan atribulada por las profundas emociones que habÃa sufrido, que no se encontraba con ánimo de ir a ninguna parte más que a su casa, donde podrÃa encerrarse a meditar en la quietud y el silencio de su habitación.