Persuasión
Persuasión Sin embargo, Anne no pudo acudir a la cita con puntualidad. El tiempo era desapacible, y, lamentándolo mucho por sus amigos y por lo que a ella se refería, fue mucho lo que tuvo que esperar a causa de la lluvia antes de atreverse a salir a la calle. Cuando llegó a White Hart y se dirigió hacia las habitaciones de Mrs. Musgrove, no sólo se enteró de que llegaba tarde, sino también de que no era la primera en llegar. Ya acompañaban a Mrs. Musgrove, Mrs. Croft y los capitanes Harville y Wentworth. Enseguida se le dijo que Mary y Henrietta, cansadas de esperarla, habían salido aprovechando un momento en que había parado de llover, pero que no tardarían en regresar, y que Mrs. Musgrove debía retenerla hasta que llegasen. De modo pues que Anne se sentó con actitud de aparente indiferencia al tiempo que la invadía una inquietud que sólo en cierta medida había presentido que experimentaría poco antes de que acabase la mañana. No había perdido ni un solo instante. Pronto fue presa de la felicidad de aquella amargura o de la amargura de aquella felicidad. No habían pasado dos minutos desde que tomara asiento cuando oyó al capitán Wentworth decir:
—Vamos a escribir la carta de que hemos hablado, Harville. Haga usted el favor de darme papel, tinta y pluma.