Persuasión
Persuasión —SerÃa injusta —exclamó Anne— si dejara de reconocer lo que siente usted y todos los hombres de su condición. ¡LÃbreme Dios de menospreciar los nobles sentimientos de mis semejantes! MerecerÃa el más absoluto desprecio si me atreviera a presumir que las mujeres monopolizan la ternura y la constancia. No; considero a los hombres capaces de todo lo grande y lo bueno como maridos y como padres. Los creo propicios a todas las resignaciones domésticas y dispuestos a cualquier empresa siempre que, si se me admite la expresión, vislumbren un objetivo, una finalidad. Mientras que la mujer amada sólo vive para ustedes. El único privilegio que reclamo para las de mi sexo (y no es muy envidiable, por cierto) es el de llevar su cariño más allá de la existencia del ser amado y una vez perdida la esperanza.
Anne no pudo continuar, pues a punto estuvo de quebrársele la voz.
—Tiene usted un alma muy bella —le dijo el capitán Harville al tiempo que posaba afectuosamente una mano sobre su brazo—. No hay modo de luchar con usted. Pero cuando pienso en Benwick, quedo sin palabras.
Mrs. Croft se despedÃa en ese momento, y tuvieron que dar por terminado el diálogo.