Persuasión
Persuasión —¡Ah! —exclamó el capitán Harville, hondamente conmovido—. ¡Si pudiera hacerle comprender lo que un hombre sufre cuando mira por última vez a su mujer y a sus hijos y contempla con ansia indefinible la lancha que los devuelve a tierra, hasta que se pierde de vista! ¡Qué dolorosa opresión siente en el pecho al preguntarse cuándo volverá a verlos! ¡Si me fuera posible describirle la dicha extraordinaria que inunda su alma cuando los ve otra vez al cabo de una larga ausencia, cuando, obligado a detenerse en puerto cualquiera, se pone a calcular los dÃas que faltan para reunirse con ellos, y pretendiendo engañarse a sà mismo, se repite: «No pueden estar aquà hasta tal dÃa», pero acariciando la secreta esperanza de verlos acercarse veinticuatro horas antes, y cuando al fin los ve llegar mucho más pronto, cual si el Cielo les hubiese prestado alas! ¡Si fuera posible para mà describirle todo esto, mostrarle lo mucho que un hombre puede hacer y hace por esos tesoros que son lo más importante de su vida! Sólo me refiero, claro está, a los hombres que tienen corazón.