Persuasión
Persuasión Anne no había hecho más que acercarse a la mesa en que Frederick había estado escribiendo, cuando oyó los pasos de alguien que se acercaba; se abrió la puerta y entró el mismísimo Wentworth. Venía a pedir permiso a las señoras para recoger los guantes, que había dejado olvidados. Se dirigió hacia la mesa con este propósito, y, dando la espalda a Mrs. Musgrove, sacó una carta de entre los papeles que se hallaban esparcidos sobre la carpeta, se la tendió a Anne con una expresión de súplica en los ojos y, cogiendo los guantes de inmediato, abandonó la estancia sin que Mrs. Musgrove atinara a darse cuenta de que lo hacía… Todo fue cuestión de un momento.
No es para describir la conmoción que aquel hecho produjo en el ánimo de Anne. La carta, enviada a nombre de «Miss A. E.», era, evidentemente, la que con tanta prisa había cerrado. Mientras lo suponía ocupado en escribir al capitán Benwick, era a ella a quien escribía. En aquellos renglones se resumía todo cuanto la vida le reservaba. Todo era posible; todo debía esperarse, menos la incertidumbre. Mrs. Musgrove estaba ocupada en sus cosas, y Anne aprovechó esta circunstancia para sentarse en el sillón y procedió a leer la misiva, que rezaba: